Cuando llegamos a la salida el ambiente de carrera había impregnado toda la playa, cerca de 100 triatletas preparados para darlo todo y mas.
Había nervios, muchos, de hecho ese fin de semana lo recordaré también como uno de los que mas distraída he tenido la mente.
Menos mal que estaban mi primo y mis compañeros cerca para animarme, fue justo en ese momento cuando mi maestro y mentor en esta aventurilla, Iván, me dio los ánimos que necesitaba.
Menos mal que estaban mi primo y mis compañeros cerca para animarme, fue justo en ese momento cuando mi maestro y mentor en esta aventurilla, Iván, me dio los ánimos que necesitaba.
"Ya sabes tío, tu sin prisa pero sin pausa"
Parecerá una tontería, pero en momentos de duda te aferras a todo, y comentarios así ayudan mucho.
Parecerá una tontería, pero en momentos de duda te aferras a todo, y comentarios así ayudan mucho.
Pasados los primeros 15 minutos en el agua las sensaciones fueron inmejorables, había cogido un ritmo aceptable. Aunque tuve algún percance, como siempre, ya que en la segunda vuelta me enredé con la cuerda de una boya en un giro y estuve nadando hasta el final temiendo haber perdido el chip en el agua.
Por fin, salí del agua con la sensación de ser el último, pues pese a haber intentado ir a pies de la gente, todos se me escaparon. Sin embargo cuando llegué a boxes y vi que mi querido corcel plateado estaba esperando junto con muchas bicis.... Waah!!!!!!!!! me vine arriba y me lancé a pedalear con toda la fuerza del universo.
Los supuestos 90 kms de bici, que al final fueron 80, estuvieron marcados por la lluvia, todo iba bastante bien hasta que de repente, a mitad de recorrido, ¡pumba! a llover. 40 kms pedaleando bajo la lluvia, frenando en las curvas, yendo muuuuy despacio en las bajadas, etc.
El caso es que, pese a haber tenido estas contrariedades, el tiempo se me pasó rapidísimo, si en vez de carrera hubiese sido entrenamiento, se me habría hecho eterno acabarlo. Cuando me quise dar cuenta ya me había zampado las barritas, el plátano desecado, un gel y casi dos litros de líquidos.
Llegamos a la parte final, lo duro, la media maratón... Dejé de nuevo la bici, me puse las zapatillas de correr empapadas de la lluvia, fue una cagada no haberlas tapado con una bolsa. Y llegó el momento X, mirar el reloj, él me iba a decir si me iba a tocar sufrir o no. Tener altas las pulsaciones supondría enfrentarme a una agonía.
Lo miro, y después del ratito parado apenas me llegaban a 110 ppm... tocaba dosificar. A ritmo tortuga, con mucha paciencia y tratando de pensar en cosas que no tuvieran que ver con el cansancio empecé a descontar Kms.
Y así, después de 5 horas y 53 minutos, la meta la tenía a dos pasos, los últimos 200 metros no creo que los olvide en la vida, empiezas a recordar todo lo ocurrido, las dudas previas, los miedos, la fascitis plantar de Marzo, el pinzamiento de menisco en Abril, la mierda del lago de Juarros, las tres sobrecargas en los gemelos, los días de pereza, las series en la Marañosa con Rabaneitorrrrr... Y lo mas importante, la gente. Allí estaban en la meta esperando los locos que me acompañaron en esta aventura, los cuales me animaron siempre que se cruzaban (o me doblaban).
Fue una pasada la verdad, y además... queda demostrado que todo esto es cuestión de entrenamiento. No hay trucos, si entrenas, aunque tengas patillas de pollo como yo, lo consigues...
Y así... como el que no quiere la cosa... Miras el calendario y...
David.
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