Con el permiso del señor Cervantes… En un lugar de Segovia, de cuyo nombre prefiero no acordarme,
se celebró un triatlón olímpico sin drafting. Nuestro protagonista, un joven hombre armado
con un plátano y un dorsal que hacían las funciones de lanza y escudo, puso rumbo a una
batalla cabalgando a lomos de un corcel plateado, rojo y negro con forma de bicicleta.El primer gigante en atacar llevaba guardado un as en la manga. Olor y color suelen ser elementos que aportan valiosa información sobre el estado de las cosas, y de este… Decían mucho.
Arrancó pues nuestro intrépido triatleta, lanzando brazadas una detrás de otra, avanzando metros, hasta que nuestro gigante le lanzó su primer ataque: cambios repentinos de temperatura. El agua pasaba de estar calentorra a estar muy fría, a otra vez caliente…. Soportable. Pero el gigante no… no se daba por vencido, así que tiró de imaginación y usó lo que más tenía a mano, algas. Sabrosas y apetecibles algas iban golpeando con irritante delicadeza la piel de la cara.
Tras esto piensas dos cosas… o acelero para salir cuanto antes de aquí… o termino nadando a braza y que le den al crono. Era demasiado pronto para rendirse, así pues nuestro nadador aceleró, se desorientó y cuando levantó la cabeza se encontró con la orilla y el resto de luchadores nadando a unos 100 metros de su posición. Tocaba recuperar. Finalmente el gigante sucumbió a los 31 minutos.
El corcel esperaba ansioso la llegada de su amo para enfrentarse al segundo gigante, este fue bastante más asequible y pese a que el caballo tuvo que rivalizar con auténticos leones con forma de cabra… Él se portó muy bien, después de 1 hora y 20 minutos más o menos, lo dejó en el aprisco con el resto de leones-cabras. Sólo queda uno.
Dos meses sin correr bien se pagan, así que ritmo lento, revoluciones bajas y gastar lo mínimo de gasolina. Sabía que iba a sufrir y también sabía que no iba abandonar, pasase lo que pasase, aunque fuese el último en acabar.
Km 3 y medio… flato ¿tan pronto? Pues sí. Bajo ritmo. Km 5 voy mejor, subo ritmo. Km 7 voy
bien, hablando con los de la organización que me acompañan hasta la meta. Ya por fin estoy a
punto de terminar, voy a un ritmo de pena pero ya solo quedan 400 metros, el gigante…
consciente de su inminente derrota, quiso lanzar su último soplo de rebeldía, y lo hizo. Llegada
a meta ascendiendo una subida muy picarona. Estiro espalda, y quemo toda la gasolina que
había guardado para cruzar esa línea. Me reciben con aplausos, no tengo palabras.
Al final parece increíble que algo tan aborrecedor como un lago de mierda, una carretera con viento y un camino de arena y piedra (con cuesta al final) se conviertan en una interesante experiencia gracias a gestos humanos. Por supuesto, estos también vinieron por parte de los compañeros de viaje y de mi primo Mario, siempre apoyando.
En fin, como decía al principio… Todo esto ocurrió un 30 de mayo, en un lugar de Segovia, de cuyo nombre si quiero acordarme, más nunca olvidaré, porque fue en Juarros de Voltoya, el lugar dónde en 3 horas, derroté a 3 gigantes.
David.
Pd: Gracias Carlos Triatlón por las fotos!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario